lunes 1 de junio de 2009

Tras las puertas de mi recuerdo

(comienzo dejando una parte del capítulo 1 de una especie de proyecto de libro que empecé a escribir, supongo que iré aportando más, según me dé, jajaja). ( Como yo soy la escritora era de preveer que estuviese lleno de interrogantes, vidas desdichadas, droga, alcohol, sexo, violencia... lo que se dice un libro de no humor, jaja)



Capítulo 1: Distorsión


Dicen por ahí que todos en esta vida tenemos una misión. Que estamos aquí por algo, será algo grande o algo diminuto, pero al fin y al cabo es nuestro propio cometido. Esto es un pensamiento totalmente de gente positiva, no realista. Eso me digo cuando dicen en las noticias que en África mueren miles de niños con menos de un año. ¿Qué misión tuvieron esas criaturas? ¿Sufrir y hacer sufrir a sus familias al ver que no podían hacer nada por mantenerlos con vida?,¿ que sólo les trajeron al mundo para que arañaran la superficie de lo que cuentan que es un don tener y poder respirar? Una persona con visión positiva, te diría que, bueno, al menos su vida a supuesto un número más en la gran lista de desaparecidos que se hace más disparatadamente grande y que eso nos ayudará a ser más sensible y comprometernos más con la situación. Listas. Sí, ahora nos entra terror al ver la masacre que se produjo en la II Guerra Mundial pero y qué, ¿eso va a cambiar el pasado? ¿y el futuro? Seguimos con las mismas intenciones violentas. No hace falta irse a gran escala, a nivel de países, mira en tu ciudad: tribus callejeras que te matan sólo por una mirada, por una vestimenta, por una etnia o raza distinta. No hemos aprendido nada. Nos quejamos y quejamos de los problemas nacionales, internacionales; pero sí somos nosotros capaces de robarle al vecino, lo hacemos.¡¡ Panda de hipócritas!! Eso es la raza humana, unos seres que se implantan en el lugar que más les convenga y arrasan con todo.
Yo no tendría que estar aquí. No creo en las misiones y mucho menos en los destinos. Pienso que esto último, es otro credo más inventado para reforzar nuestra patética inseguridad. El destino, el destino, ¡ja! me rió en él. Qué pasa, entonces eso quiere decir que está ya fijada la hora de mi muerte también. Pues si fuera así, estaría bien saberlo para hasta entonces vivir al máximo riesgo. Claro es aquí la paradoja, la causa de mi defunción podría ser debido a mi estimulante vida. Entonces, ¿es mejor que lleve una vida sedentaria?No, la hora de mi fin seguiría siendo la misma, haga lo que haga nada cambiará, eso es lo que quiere decir “destino”.
Ahora mismo, podría levantarme, irme sin más, coger el coche y largarme de esta ciudad, atravesar durante toda la noche el país y acabar saludando, junto con un nuevo día, una nueva nación y quién sabe, una nueva identidad. Pero me he pasado toda la vida huyendo y esta vez, no va a ser así. Me quedaré arraigada como los viejos pilares de esta casa. Seré testigo de cómo pasa el tiempo más lentamente que nunca entre la atenta mirada de las mejores espías de este lugar, sus paredes mohosas. Sí, ésta ha sido mi decisión, mi encarcelamiento en vida a la espera de una resolución final. En este momento, se me viene a la mente unas frases que encontré hace cinco semanas en una servilleta usada en la mesa del bar donde trabajo:

“ Y mientras todo parecía parado en el tiempo,
como una pluma en suspensión,
el mundo giraba afuera
a la velocidad de la luz.”