Ayer me encontré con Irene( bueno, es mi psicóloga así que evidentemente fue una cita pactada pero con ella no me gusta darle este toque de terapeuta-paciente). Me lo pasé fenomenal recordando algunas anécdotas del fin de semana pasado. Resulta que en nuestro último encuentro, acordamos que iba a trabajar algunas de los "derechos" que yo no me permito nunca como el hecho de pedir ayuda cuando tengo un problema o me encuentro angustiada, desahogarme y no sólo escuchar los problemas de los demás, no hacerme tan responsable de los problemas de otros, y cosas así. Todo empezó de esta manera y con este propósito me fui a ver a unos colegas. Éstos no eran cualquiera son un grupo de "friki", no lo digo de manera despectiva, ellos están orgullosos de serlo, faltara más cada uno es libre de hacer con su tiempo libre lo que quiera. El hecho es que me enteré en el transcurso de aquella tarde-madrugada, del profundo odio que siente tal tribu por otra denominada los "emo" ( para quien no sepa quienes son, en pocas palabras diremos que son personas "depresivas" que le atrae, por así decirlo, todo lo relacionado con la muerte y que se autolesionan y tienen pensamientos suicidas, en ocasiones). Con la broma más una cerveza que llevaba ya pues largué en alto:"¡¡ pues si nos ponemos así yo tengo algo de emo!!". Se hizo un poco de silencio en el grupo y se cambio de tema. He de decir que yo hasta ese día sólo conocía a uno de ellos. Horas después, con dos o tres cervezas más, ante la duda que se me quedó en el cuerpo, me dirigí a mi amigo Juan( un tipo de más de 1.90, comprensión fuerte y cara de inocente) y le dije :
- ¡Tío, Juan! Que antes, cuando dije lo de que si yo era algo "emo", ¿por qué me miraste así?
-Hombre, no sé...- no le deje continuar.
- ¡Pero si tu sabes que me corto!
- mmmm. Esto. No, no lo sabía.
En ese momento se me abrieron los ojos como platos y se clavaron sobre los suyos que no estaban menos abiertos. Pero mi reacción fue muy distinta a la suya. Mientras él me medio perseguía con sus largos brazos para intentar arroparme con abrazo de "no pasa nada", yo me encogía, estiraba, retorcía de la risa que mis cañitas de más también habían provocado todo esto.
- Pero , pero, ... ¿cómo que no lo sabes? pero si te dije que estaba en psicólogo y todo eso
- Sí, pero eso no lo sabía.
- ¡Anda ya! Pero si hasta me he intentado suicidar. Cómo no lo vas a saber.- Él cada vez estaba más incrédulo, fue entonces cuando le dí la nota final entre mis risotadas cada vez más ensordecedoras.
- Pero tío, si por eso llevo esta muñequera para tapara todas las cicatrices- y en ese momento descubrí mi muñeca con todas sus recuerdos de batallas.No aguantó más, me pasó el brazo por el hombro y me dijo:
- Rocío, voy a hacer que te lo pases muy bien, de verdad. Venga que te invito a una cerveza.
-Pero si yo estoy muy bien, estoy muy feliz. Venga que te invito yo.- evidentemente seguía con mi incontrolable risotada.
Cuando ayer, me pregunto Irene que qué tal con los "derechos" pues como veis nos estuvimos riendo un buen rato recordando lo bien que hice los deberes aunque un poco a lo bruto. Porque mi pobre a amigo Juan le callo una buena, jejeje. Hay que buscar un término medio para la próxima.
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